Daniel Wendler, un artista que sabe hacerse camino al andar

Es bailarín, actor y cantante. Es oriundo de la ciudad entrerriana de Crespo, radicado en Berlín.

Siempre con una mirada amplia y reflexiva, valorando cada aprendizaje, que lo lleva a dar un nuevo paso.

Por Ideas Culturales

Dani Wendler es bailarín, actor y cantante. Es oriundo de la localidad entrerriana de Crespo (Argentina), pero hace algunos años eligió para vivir, la ciudad capital de Alemania, Berlín. Se encuentra de visita en su ciudad natal, donde pudimos charlar sobre cómo ha transitado estos últimos tiempos y sobre las numerosas y excelentes novedades en su carrera artística.

Siempre bien predispuesto al diálogo, con una mirada amplia y reflexiva, pudimos conocer y compartir un poco más sobre este artista, que un día se atrevió a seguir su vocación, y sabe hacerse camino al andar.

–¿Cómo has transcurrido este último tiempo?

–La pandemia fue como un gran paréntesis, una gran pausa, sobre todo para los artistas, porque todos los teatros cerraron, en todos lados, por lo que las giras y conciertos debieron cancelarse durante mucho tiempo…

Yo tuve bastante suerte porque ninguno de los proyectos en los que estaba se canceló. Por ejemplo, entre medio de la primer y la segunda ola, durante dos meses hicimos un proceso de ensayo, no pudimos estrenar, pero todo el proceso de ensayo fue durante la pandemia y vamos a estrenar ahora en febrero.

Todo esto es interesante para pensar, se genera algo potencial: ensayas una obra que no se estrena, o ensayar un concierto y cuando estás viajando en tren para ir, te avisen que dos de tres se suspendieron…

A mí la pandemia no me pegó mal, al contrario, ya hacía como un año y medio o dos que estaba allá y ya estaba terminando esa primera etapa de llegar a un país y adaptarme. Ahí uno hace un viaje personal, entonces cuando empezó la pandemia estaba un poco abrumado y quería bajar un cambio, se ve que mis plegarias fueron escuchadas de manera sobredimensionada –risas.

Creo que fue un signo muy claro como humanidad ‘parás o parás’… Ahora queda estar en este mundo más híbrido, hasta que las cosas se acomoden, o muten…

También cuento con las facilidades de estar en un país del primer mundo y eso para los artistas significa un poco más de seguridad, aunque no soy un ciudadano europeo, por lo que no cuento con todas las garantías. Pero el estado alemán fue de gran ayuda para pasar ese momento porque estábamos completamente inhabilitados.

–¿En qué otros proyectos estás trabajando?

–Estoy con tres proyectos escénicos para este año, son cruces entre danza, canto y actuación.

Por un lado, estoy con Ubi caritas et amor”, quedirige Wenzel Vöcks. Esta obra indaga los rituales de masculinidad en el básquetbol, somos tres performers y tiene una base musical de cantos gregorianos. Entonces estamos jugando, cantando, es una investigación donde le ponemos el cuerpo, en sociología se llamaría ensayo.

Esta obra cuenta con el soporte del Senat de Berlín, que es un organismo gubernamental que brinda apoyo económico a proyectos artísticos independiente en Berlín y el recibirlo, significa que la obra es viable en términos profesionales.

Igual allá es muy distinto que acá, allá no existe hacer teatro sin una estructura económica. Acá en Argentina hacemos teatro de todas formas. Bueno, por eso el teatro argentino es maravilloso, el nivel de creatividad es hermoso y no hay muchos lugares donde se hace teatro porque se quiere.

Otro proyecto con el que estoy se llama “Tumulus”, es en Francia, con un prestigioso coreógrafo francés François Chaignaud y es una colaboración con Les Cris de Paris, que es un ensamble de música contemporánea y antigua especialmente, lo dirige Geoffroy Jourdain. Se juntaron para hacer este mega proyecto. Es una obra que todavía está en construcción, nos quedan todavía dos meses súper arduos y se estrena en mayo.

Somos trece performers y es una obra coral que tiene arreglos corales del siglo XV y XVI y a su vez, tiene música contemporánea, tiene dos recortes muy extremos en el recorte histórico de la música, con el plus de la danza contemporánea. Estamos moviéndonos, sonando y cantando donde todos cantamos y bailamos, pero algunos cantamos más y otros bailan más. Hubo todo un trabajo muy delicado de ensamblaje.

Empezamos en 2020 con ensayos esporádicos y ahora viene el proceso intensivo. Estoy muy contento porque es un proyecto muy ambicioso, con el que tenemos actuaciones hasta el 2024 por lo menos y con el que vamos a viajar mucho, con plazas muy importantes.

Por otro lado, ayer me confirmaron un subsidio importante para investigación propia, de un material en la línea básicamente de cómo intervenir la música barroca a través de la danza contemporánea y viceversa.

De hecho, el proyecto ya lo empecé –a la argentina–, pagué una sala de ensayo, estoy con una chelista de Estados Unidos, una colega hermosa.

Todavía no puedo hablar mucho porque todavía falta firmar contratos y demás, pero en principio recibiría este subsidio durante cinco meses en los que podré invitar a colegas a trabajar y diferentes constelaciones musicales y de movimiento, para poder generar una poética y hacer un registro de todo eso. A su vez, con ese material quizás se desprendan otros proyectos, poder aplicar para otros subsidios o el germen de una obra…

¡Es una gran alegría! porque los artistas necesitamos trabajar e investigar y también que el tiempo que invertimos se pague por eso.

Además, estoy muy contento porque este año voy a estar viajando mucho entre Francia y Alemania.

–Estuviste cantando mucho, también música clásica y tangos

-Sí, estuve cantando mucho últimamente, con conciertos de distinta índole. También participo de un ensamble de música que se llama Die Goldvögel. Somos cuatro solistas independientes, generalmente cantamos en Berlín, pero el director Mads Elung-Jensen, es danés, entonces solemos ir a Copenhague.

Cantamos música muy ecléctica, siempre hay un concierto de música latinoamericana, cantamos música de cámara argentina, de Carlos Guastavino principalmente, algo de México y siempre hay algún número de tango, porque todos mueren por el tango.

Este ensamble tiene un corte mucho más clásico, pero lo puedo hacer y lo hago, mis colegas son lo más y yo soy muy feliz haciéndolo.

Esto es un descubrimiento también, a veces uno elige las cosas y otras las cosas te van eligiendo. Cuando llegué a Alemania no es que tenía pensado desarrollar de primera mi carrera como cantante, tenía todas mis disciplinas, pero pensé que iba a desarrollar más la danza y sin embargo, en primera instancia, no fue así.

Es decir, hay más oferta laboral para cantantes, mientras que para bailarines está más saturado. Entonces cuando llegué empecé a generar trabajo. Pero ahora sí, estoy con proyectos que tienen más que ver con mi búsqueda, que tiene que ver con los cruces artísticos.

También hice dos solos de cantatas de Johann Sebastian Bach, los alemanes tienen como una tradición con estas cantatas. Yo lo disfruto mucho, pero es un trabajo arduo, porque la cantata dura veinte minutos, pero lleva un mes de preparación. Pero cantar este tipo de materiales en vivo, es otro aprendizaje dentro de mi carrera como cantante.

A raíz de esto es que se desencadenaron esos otros proyectos, aplicaciones, subsidios, porque empecé a descubrir esta otra faceta, relacionada a la música barroca y composiciones antiguas muy bonitas, siento que ahí hay un material que me gustaría usar.

–Además, también das clases.

–Así es. Tengo una pata muy fuerte en la docencia, ahora especialmente en el canto y durante esta época, las clases se virtualizaron.

Esto fue (y es) una herramienta, porque hace que hoy pueda estar de gira y seguir con mis alumnos. Es decir, todo esto hizo que la enseñanza se flexibilizara, por ahí tengo estudiantes que son padres o profesionales y esto les sirve. Además, tengo alumnos de canto de distintas partes del mundo.

En la última época he tenido muchísimos alumnos, porque la gente buscaba algo que la redima un poco.

–Más gente empezó a descubrir que el arte salva.

–Sí, el arte salva. También por eso ahora las políticas son de resistencia, de tratar de mantener los teatros abiertos, porque la gente lo necesita.

–Creo que también ahora quedó más claro que el arte es una necesidad más.

–Pienso que las funciones tienen que ver con un encuentro, de estar ahí, presente con otros, no importa cuánta gente haya, aunque sea un público reducido.

Por otro lado, la virtualidad permitió que se democratice más todo, porque se empezaron a liberar funciones y conciertos, esto es algo positivo también.

 –¿Algo para agregar?

–Vayan al teatro.

*Mirá y escuchá aquí el video de la charla:

*A continuación, compartimos algunos fragmentos de la entrevista que mantuvimos con Dani Wendler en marzo de 2019 y que fue publicada en la revista impresa Ideas Culturales y luego en la revista El Tren Zonal:

“El escenario es el único lugar donde quiero estar”

Anécdotas que van y vienen entre su infancia, el despertar de su vocación, su adolescencia entre Crespo y Paraná, sus estudios en Buenos Aires, su vida en Berlín y las giras por Europa. Recordó personas que fueron influyendo en distintos momentos de su vida, decisiones cruciales, y sus sueños.

–Más sobre Dani Wendler:

Nació el 20 de septiembre de 1990 en Crespo, donde regresa cada tanto a visitar a sus afectos. Estudió danza, teatro, canto y música desde chico. Desde entonces participó de distintos proyectos artísticos. Antes de irse a Berlín, vivió nueve años en Bs.As., donde en una misma noche llegó a actuar en lugares como “el Colón, un galpón y en un salón, es decir que en la mochila tenía una peluca, tacos, partituras y un saco”.

–¿Cómo empezó tu acercamiento a lo artístico?

–En las reuniones familiares siempre había música porque hay varios músicos, como mi tío Aurelio. Tengo el recuerdo de pasar por la casa de mi prima Cecilia y escuchar como tocaba el piano todo el día. También hay una foto de cuando tenía como 3 años, me paré en un carretel de alambre de bobinados de mi papá, agarré una maraca y me puse a cantar y a bailar -risas.

 Siempre fui muy hiperactivo. A los 6 años me habían dado un papel protagónico en una obrita y no pude ir porque nos fuimos a un casamiento y ahí me frustré –más risas.

Llegué al Instituto Municipal de Expresiones Folklóricas Artesanales y Artísticas a esa edad, quería aprender guitarra, pero como era muy chico no podía ingresar, por lo que primero me enviaron a Técnica Vocal, entonces empecé cantando. Al año siguiente pude empezar guitarra. Ahí conocí a Juan Pablo Brambilla que me dijo ‘vos tenés que ir a estudiar a la Esc. de Música de Paraná’.

 Entonces, a los 13 años a la par de la secundaria, empecé a cursar en la Escuela de Música, Danza y Teatro, Prof. Constancio Carminio. Recuerdo que cuando era chiquito sufrí el bulling, era muy sensible y me sentía incomprendido, entonces me recluía en mi mundo que era mi habitación tocando la guitarra por horas, así cultivé lo introspectivo, aprender algo dedicándole tiempo.

Ser instrumentista y más con la guitarra, es algo mínimo e íntimo. Siempre fui muy dedicado, responsable y reflexivo.

–¿Cuál fue el momento en el que descubriste tu vocación por el arte?

–Tenía 16 años, iba a 4º año, teníamos un grupo de teatro independiente con el que ensayábamos de manera intuitiva, 4 horas todos los días y llenábamos la sala municipal con “Déjenme ser yo”. Sentí que era mi vocación para toda la vida, como cuando te enamoras de alguien, fue muy claro: me debía a esto.

Un año antes de terminar el secundario estaba seguro de lo que quería hacer. Mis papás primero querían que estudie ‘una carrera’ me decían, pero después entendieron. Mi familia siempre me apoyó y me acompañó todo lo que pudo.

El trabajo del artista es lo que uno hace artesanalmente dedicando pasión y tiempo. Sigo pensando que el escenario es el único lugar donde quiero estar. Además, con la docencia en estas disciplinas, también vivo cosas muy lindas.

–¿Cómo surgió y se concretó tu desarrollo en las distintas disciplinas?

–Nunca me lo pregunté, creo que se dio de forma muy orgánica. Pasé la infancia tocando la guitarra y cantando, pero cuando empecé el secundario en el Colegio Sagrado Corazón, la Hermana Mariel junto a Alejandro Aranda (un chico de Diamante que venía de formarse en Bs.As.), armaron el grupo de teatro Ensamble, hacían comedias musicales religiosas, que llegó hasta el 3 de Febrero. Ya en el primer ensayo empezamos a bailar y a cantar. No teníamos técnica, entonces él empezó a darnos seminarios y me dijo ‘vos tenés que estudiar baile’. Entonces a los 15 años empecé clásico en Paraná en el Estudio de Danzas de Mimí Zapata, primero iba una vez por semana y después cada vez más.

Cuando decidí irme a Bs.As. a estudiar la licenciatura en actuación en la Universidad Nacional de las Artes IUNA, le pregunté a mi prof. de Guitarra (de la Esc. de Música) dónde podía seguir con el instrumento y me envió con una profesora que enseñaba en el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla, con las equivalencias entré a 4º año, pero ahí también encontré formación musical, piano, coro y tuve maestros muy geniales.

Además, audicioné para obtener la beca de ingreso a la Academia de Julio Bocca, pero me dieron media beca. Estuve un año y 2 meses y me fui porque no era lo que creía, sin embargo, ahí conocí a quien fue mi maestra particular de Técnica Vocal por 9 años y una gran maestra en mi vida, la Prof. Silvia Meuli.

Por otro lado, había visto al Ballet de Danza Contemporánea del Teatro San Martín. A los 20 años audicioné, quedé y empezó una nueva etapa en mi vida. Vino a sacudir mis estructuras artísticas, porque al no ser narrativa, hace que entren en juego otras lógicas. Estábamos de lunes a sábado, 6 hs. diarias bailando, ensayando y con funciones. Ahí empezó mi vida profesional, a trabajar un montón como cantante, bailarín y actor. Es decir, el San Martín fue bisagra en mi vida. Egresé a los 23 y a los 27 años ya estaba en Europa.

–¿Cómo te instalaste en Berlín?

–Como cualquier persona que decide irse a vivir a otro país, ver cómo me instalo y cómo genero ingresos. Es volver a empezar a los 28 años. Estudié tres carreras: Soy actor, bailarín y cantante, es todo y lo único que se hacer. Y la docencia en esas disciplinas. Lo demás son competencias que vas adquiriendo en la experiencia de sobrevivir.

No hablo alemán, pero Berlín es muy cosmopolita y por ahí encontrás gente de habla hispana, pero en general tenés que hablar en inglés. Cuando llegué conocí a una persona que me prestó su casa por un mes, mientras se iba de vacaciones. Hice unos flyer y empecé a dar clases de canto, lo que me generó algunos ingresos.

También el primer tiempo canté en bares y pasé la gorra. Mientas, fui generando una red de contactos, así por ejemplo llegué a una peña donde me invitaron a cantar. A la gente le gustó, de ahí me invitaron a integrar un coro que justo necesitaban barítonos, lo pensé y acepté. Hice bien, porque el director tiene otros coros donde invita a cantantes profesionales, entonces cuando conoció mi voz me contrató para interpretar la Opera Edgar de Giacomo Puccini, en la sala más importante de conciertos Konzerthaus Berlin.

Con respecto a la danza es más difícil. En Bs.As. tenía la ventaja de ser egresado del Teatro San Martín, que es una de las mejores escuelas de Sudamérica, ingresan solo 20 por año, por lo que eso acá vale, pero en Europa no. Además, allá cuando hay una audición se presentan de todos lados y es una competencia atroz.

También es trabajo de oficina porque tenés que leer todas las audiciones, armar tu postulación, tu cv, tu reel (video con tus trabajos), chequear los requisitos de cada aplicación y postularte a varias. De ahí a que te llamen dos a audicionar es mucho.

Además, es una inversión, muchas veces tenés que viajar, a veces quedarte y después quizás no sos el perfil que el director está buscando. Me interesan más los proyectos donde haya un cruce artístico y a veces buscan solo un bailarín que baile. Aunque quizás tengo la ventaja de haber trabajado con Mathilde Monnier, es un camino difícil.

 Lleva tiempo hacerse conocer y tener un nombre, pero estoy abriéndome lugar. Creo que lo meritorio está en esforzarse por acercarse a lo que uno desea.

–¿Cuál ha sido tu presentación más recordada a nivel profesional y emocional?

–En el 2012 tenía 21 años y en el Maipo hacíamos La vie parisiene -Ciclo de Operetas- donde en la parte popular era el cantante principal, fue como estar actuando lo que soñaba que iba a hacer cuando fuera grande, canté rodeado de bailarines.

En el 2014 en el Teatro Colón hicimos –la ópera- El barbero de Sevilla y al comienzo bailaba solo, fue importante por la posibilidad del protagonismo y actuar ahí siempre es hermoso.

En el 2018 en el Teatro Chaillot di un concierto y al otro lado del vidrio estaba la Torre Eiffel. Por mencionar algunos, pero hubo muchos otros momentos maravillosos. A veces ‘mientras que uno está en el baile’ no se da cuenta, hasta que, por ejemplo, estoy en la playa mirando el mar en San Sebastián en el medio de dos giras, tomando un mate pienso ‘mirá donde te trajo tu carrera’.

 Pero también te das cuenta que lo importante siempre es otra cosa. En la función entregás tanto en ese momento de éxtasis, pero después salís y la vida se vuelve ordinaria, por ahí estás solo, lejos, aparece la melancolía y te das cuenta lo que resignas, como una familia. Igualmente soy una persona que estoy muy en el presente y vivo todo al cien por ciento.

–Entre otros proyectos y grandes experiencias, trabajó en El Baile, obra dirigida por Mathilde Monnier, una coproducciónentre Le Quai Centro Nacional de Arte Dramático Angers, Francia y el Teatro argentino Gral. San Martín.  Con este espectáculo realizaron cinco giras por Europa y más de 70 funciones en países como Francia, Suiza, Alemania, Portugal, Bélgica, Uruguay y Argentina.

–¿Cómo te describirías?

–Soy una persona que encontró lo que vino a hacer a este mundo a muy temprana edad, no ignoró su vocación, se cultivó y se la jugó por lo que quería, yendo para adelante siempre, es algo muy de mi familia –de a ratos parece inevitable volver a la primera persona–, entonces veo algo que quiero y voy, aunque no llegas nunca, porque siempre hay algo más. Creo que al haberme sentido incomprendido fue lo que me impulsó a que trate de descubrir qué era y el arte trabaja desde la incomodidad.

“Soy actor, bailarín y cantante, es todo y lo único que se hacer

*Aquí podés ver un momento de lo que fue el concierto performance de Daniel Wendler, acompañado por el pianista Franco Broggi, la cantante Andrea Laporta como invitada y la artista plástica Susana Castañares, en el Estudio de Formación Artística Pulsión, de la ciudad entrerriana de Crespo. Imágenes del servicio comunicacional Ideas Culturales:

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